Somos Ana y Juan, y estamos casados desde hace dos años. Tenemos 23 años (Ana) y 26 (Juan) y somos padres de un niño
¿Cuándo supisteis que el matrimonio era vuestra vocación?
Ana: La vocación al matrimonio la sentimos desde bastante jóvenes. Yo lo tenía personalmente muy claro al haberlo vivido en casa con mis padres. Había visto en ellos un matrimonio cristiano, fiel a la Iglesia, y entonces, me di cuenta de que mi vocación era el matrimonio. Lo veía en mi casa día a día.
¿Qué papel tiene Dios en vuestra vocación?
Juan: Ponemos a Dios en el centro de nuestras vidas, en el centro del matrimonio, de nuestra familia… Es quien nos ayuda a vivir el matrimonio. Al final, el matrimonio es un proyecto que Dios tiene, no es un proyecto que tenemos nosotros. Nosotros hemos respondido a ese proyecto y vivimos una vida en común. Viviéndolo así, vemos cómo Dios nos regala un hijo, nos regala todo lo que tenemos, hasta las cosas más insignificantes o un sitio donde vivir. Por ejemplo, el alimento lo vivimos como una gracia, así como el poder amarnos y respetarnos. El matrimonio lo vivimos en esa dinámica: siguiendo a Cristo, y dejándolo todo atrás (cualquier proyecto, nuestras frustraciones…) para vivir un proyecto en común.
¿Qué consejo daríais a futuros matrimonios?
El principal consejo que daríamos a personas jóvenes es vivir un noviazgo cristiano, respetándose y apoyándose diariamente en Dios, para discernir si son el uno para el otro, si es el momento de dar el paso adelante para casarse, formar una familia… pero todo dentro de una vida dentro de la Iglesia.